miércoles, 15 de noviembre de 2017

RECUERDOS DE LA ESCUELA GRANDE


La meteorología en esta época del año no se asemeja a la que recordamos por estas fechas, cuando hacíamos el camino hasta la Escuela Grande, ni por supuesto el sendero que durante  años transitamos, parte desaparecido, y lo que queda  apenas reconocible.
Hace 40 o 50 años, por este mes de Noviembre,  nos parece que el tiempo era más frio y que llovía más. Y aunque las casas no estaban preparadas para combatir las bajas temperaturas, sí se agradecía que al caer la tarde nuestra madre encendiera la copa de picón, la regara de cenizas, y nosotros levantábamos la enagua de la mesa camilla para colocarla en el hueco de la tarima.
Alrededor de estas mesas, sentados en sillas de enea, se hacían deberes, se contaban historias, se cenaba, y también, quienes teníamos aparatos de radio, escuchábamos a Matilde Perico y Periquín; siempre que no se fuera  la luz, porque entonces  teníamos que recurrir al foco de carburo o a las “mariposas”.

La Escuela Grande se construyó hacia 1881, y si en la etapa francesa ya contaba el poblado con una escuela donde se impartían clases para los niños, el traspaso de la actividad minera a los británicos influiría para su construcción, ya que estos ampliaron en 1872 la escolarización de las niñas. Esta cobertura a la población de ambos sexos, unido al aumento de la producción con la consiguiente demanda de mano de obra, posibilitó el incremento de la población, y con la formación de nuevas familias y la llegada de otras aumentarían los nacimientos.
Tres caminos principales confluían en la escuela. Desde el casino Viejo, el Corralón y alrededores, la distancia a recorrer era menor que los que íbamos de Casas Nuevas, calle Dr. Fleming, y plaza de San Benito; o de quienes venían del “Coto”, plaza de General Franco, y alrededores de la iglesia.
Más larga era la caminata de quienes vivían por el dique Pino, que pasando entre el muro del embalse podían contemplar diariamente la actividad en talleres, en la estación, y el tránsito de trenes. Continuaban por vista Hermosa y bajaban los escalones de traviesas que cruzaban la vía del ferrocarril.

Nuestro recorrido empezaba en calle Casas Nuevas, renombrada después  Obispo Pedro Cantero, frente al huerto de Arroyo y huerto de la Posada; pasábamos  junto a los  eucaliptos que había frente a la casa de Doña María la Partera y un edificio alto que construyeron después para subestación eléctrica; bajábamos por la esquina de la calle Salmerón, donde a su espalda estuvo la clase particular de José el Pintor, y sus temidos “repasos” con las “lampás voladoras”; pasamos por un lateral de la plaza de San Benito hasta tomar el callejón que limitaban varios huertos, el de “la Chata” a mano izquierda, para llegar al cruce de caminos: a la izquierda todo eran huertos  y camino utilizado para ir y venir de Talleres. A la derecha también huertos y se venía a salir a la alcantarilla y huerto de “Moquilla”. Pasado este cruce comenzaba la cuesta del vacíe para subir hasta el llano de la escuela.


Antes que construyeran las nuevas aulas en un edificio anexo, todos entrábamos por la puerta principal, y desde el patio nos dirigíamos a las distintas clases. Los más jóvenes empezábamos, creo recordar, con Doña Pepita. La clase olía a cera todos los lunes, ya que se celebraba allí la misa del domingo. Aunque algunos habíamos pasado por el “preescolar” de la escuela de la Balsa.
Después de terminada la ampliación de la escuela, fuimos distribuidos en las nuevas aulas, a las que se accedía bajando una escalera con dos accesos que se había practicado en el patio de la escuela Grande, y junto a un depósito de agua donde alguna vez nos tocó fabricar la tinta para rellenar los tinteros que se colocaban en los pupitres.
Este nuevo edificio tenía una entrada principal y las clases distribuidas a derecha e izquierda. La puerta del fondo se abría a una cruz de los caídos, que alguna vez vimos con flores. En su patio se colocó un año un pupitre en un rincón, con un mapa de Europa a un lado y una pizarra al otro, y nos hicieron una fotografía en color para el recuerdo. El fotógrafo bien pudiera ser Benito “el retratista”, que vivía en las Cantareras. Como las clases de niños estaban separadas de las niñas, los maestros lo organizaron para quienes teníamos hermana nos hicieran la fotografía juntos. Estas fotografías, que muchos conservamos,  tienen ya los desperfectos y la pátina del paso de los años. 

Era imposible en aquellas fechas, que transitando por el pueblo no pasaras junto a algunos huertos, porque los había en los alrededores y por el medio. Hoy aún perduran algunos, otros han dejado paso a nuevas construcciones, pero esa tradición por los huertos tuvo sus comienzos con nuestros antepasados. Cuando  Tharsis  y el Lagunazo dejaron de calcinar el mineral en teleras  la tierra empezó  recuperarse, y solicitaron autorización para construirse un huerto y así ayudar en sus modestas economías.        


A las salidas de clase se producía un gran bullicio. En aquel llano, frente a la escuela, nos juntábamos niños y niñas, y en grupos marchábamos a nuestras casas. En días de lluvia acudían nuestras madres con paraguas o impermeables y todo eran prisas, pues tenían que dejar preparado el canasto para nuestros padres. También era paso de obreros, que iban o venían de talleres, y de la carretera que utilizaba la camioneta en su recorrido a Huelva, siendo parada obligatoria frente a la oficina de correos,  zona muy concurrida del pueblo, pero que la apertura del actual Círculo Minero en 1951 unida a la posterior ampliación de Filón Norte, acabarían despoblando. Después, la camioneta hacía el trayecto hasta Villanueva de las Cruces pasando por vista Hermosa y el dique Pino.
En los recreos de aquellos años de escuela nos entreteníamos jugando a los “bolindros” o a los “rompes”, aunque  lo más concurrido era jugar a la pelota en los alrededores de la escuela, junto al nuevo edificio; pero como lo habían sembrado de aromos y puesto unas jaulas de madera para protegerlos, nos decían que había que respetarlo, por lo que nos íbamos a un terreno más irregular cerca de donde se conservaban las ruinas de un antiguo lavadero. Por esta irregularidad del terreno había que ir a buscar la pelota a los eucaliptos que estaban en la zona de los huertos, o en el “sajondon” que hacían el llano de la escuela y el terraplén del vacíe. Después hemos comprobado, por fotografías antiguas, que el agua del dique Grande tuvo que cubrir parte de aquellos huertos.
El horario de recreo lo aprovechavamos igualmente para acudir a una tienda que había frente a la escuela, junto a un salón del frente de juventudes, la tienda de María Antonia, creo. Este camino no era el habitual para regresar a nuestra casa y recordamos que en esta calle, trasera de la calle la Puebla, se instaló posteriormente un bar, el de  Antonio Venancio. Más adelante vivía un personaje al que una que otra vez vimos a la puerta de su casa y que era conocido como “el millonario”.

Si a la escuela íbamos algunos días con más o menos ganas, el camino de vuelta lo hacíamos normalmente más resueltos y alegres. Encontrábamos motivos para entretenernos. Una parada frecuente era frente al huerto de José el Pintor, pues por allí salía un regajo de aguas cristalinas que a nosotros nos parecía de un manantial, y recogíamos con una botella.
Alguna que otra vez aparecía por el pueblo un afilador, llamando con la flauta para que las mujeres acudieran con cuchillos o tijeras, y nos quedábamos admirados como aquel artilugio, que portaba rodando el afilador, una vez parado la misma rueda con la que se desplazaba movía la piedra de afilar. Nos entretenía ver los golpes de pedal, las chispas que salían, y como al final, aquellas tijeras afiladas cortaban limpiamente un trapo que el afilador llevaba.
Otra vez, cuando íbamos de vuelta a casa, vimos varias personas congregadas alrededor del brocal del pozo que estaba en la Barriada de Santa Bárbara, nos acercamos y vimos que en el fondo había un gato agarrado a las piedras del borde, y era imposible que pudiera subir pues  el agua estaba a 4 o 5 metros de profundidad. Alguien acudió con una canasta de caña y puso en su interior unas sardinas, la bajaron, pero el gato parece que temía más la canasta que al agua. Después de un buen rato allí y de varios intentos, no pudimos ver si el gato llegó a salir, pero creo que lo conseguimos averiguar al día siguiente. 

Ya en casa, si ese día nuestra madre había ido al economato, lo primero que buscábamos era la tableta de chocolate Kitin Nogueroles, para ir completando el álbum con el cromo que traía. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

Capilla de Santa Bárbara, Tharsis. Datos sobre su historia.

                                                    
El golpe de estado iniciado en Cataluña es la amenaza más grave para la convivencia en paz de los españoles. Es necesario, cuanto antes, que en esa comunidad se imponga el cumplimiento de la Constitución y el acatamiento a las leyes, que se vienen conculcando sistemáticamente hasta ahora.
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Relataba Cándido Maestre en una de sus crónicas aparecidas en el diario Odiel, que la construcción del primer edificio que pudiera llamarse iglesia, se construyó en Tharsis bajo la dirección de Víctor Mercier. Siguiendo esta escueta información me propuse averiguar, consultando archivos, si existía constancia por escrito; si intervinieron los antecesores al frente de la actividad minera, Duclerc y Deligny;  y en cualquier caso, sobre los pormenores seguidos para su construcción e inauguración. 

Esta iglesia, edificada igualmente bajo la advocación de Santa Bárbara, ha sido más conocida entre nosotros como la iglesia de Pueblo Nuevo. Aunque en la correspondencia del siglo XX figura con el membrete: “Capilla de Santa Bárbara, minas de Tharsis”. Hoy día lo que queda de ella son unos paredones  ruinosos cubiertos de vegetación, y en nada hacen figurarnos que fue un edificio pequeño pero coqueto, alejado de suntuosidad  y boato.




Desde el comienzo de la actividad minera en el siglo XIX, una prioridad de las compañías extranjeras, aparte de sacar rentabilidad a su inversión, era mantener la paz social. Tanto franceses como británicos se pusieron a ello, y edificios destinados al culto o a la enseñanza formaron parte del poblado. En la visita de Gonzalo y Tarín en 1888, se habla de la existencia de una capilla católica y otra protestante, así como escuelas para alumnos de estos cultos religiosos.

En la búsqueda de esta información se detectan dos prioridades puestas de manifiesto por el representante de Víctor Mercier. Primero, que ya han construido una “iglesia rural” y lo que necesitan es el oportuno VB para su inauguración y funcionamiento. Segundo, que este primer edificio que esperan sea autorizado para celebrar la misa, se considera provisional. Que el edificio que se pretende para el futuro será más importante y definitivo, para lo que se adjunta el plano correspondiente. Plano fechado en julio de 1860, profusamente detallado y coloreado.  Firmado por quien en esa fecha era el responsable administrativo, Alfonso Le Bourg, quien ocuparía la dirección de la mina en época británica, y a quien se honraría en 1874 con una placa instalada en la fuente de la oficina General en Tharsis.

En la correspondiente solicitud que el representante en Huelva de la empresa Víctor Mercier y Cía  dirige al arzobispado de Sevilla, se reseñan la justificación y ubicación de esta nueva iglesia a construir en Pueblo Nuevo. Entre los argumentos aportados destacan que la iglesia que se pretende sería la segunda con que contaría la población, que continuaba aumentando. Los franceses tenían construida una “capilla rural”, por lo tanto el poblado disponía de algún edificio,  no una iglesia, que esperaban utilizar en la celebración de actos religiosos, para lo que estaban a la espera de recibir “la campana que se estaba fundiendo en Sevilla, así como otros ornamentos”, y mediante esta solicitud esperaban también la habilitación del local y se permitiera celebrar la misa.  Téngase en cuenta que para los actos litúrgicos, la población que conformaba el poblado era muy dependiente de Alosno: misas de guardar, bautizos, matrimonios,  entierros, etc.

En el plano de Tharsis de 1868 no se localiza la ubicación de esta primera capilla, sí la de Pueblo Nuevo, lo que puede interpretarse que el edificio, una vez construida la nueva, pasaría a prestar otros usos. Las obras finalizan en Junio de 1863 y para su apertura se le exigen una serie de compromisos a Mercier, que se fueron solicitando desde el arzobispado: Firma de documento notarial comprometiéndose a la conservación, mantenimiento y cuantos gastos conllevaran su existencia. Igualmente se solicitó un informe al arcipreste de Villanueva de los Castillejos, para que visitara la dicha iglesia, requisito previo para conseguir el V B arzobispal antes de su inauguración.


El documento público se firma ante el notario de Puebla de Guzmán. Francisco López Quintero, e intervienen: Víctor Mercier Portel, gerente de la sociedad Minas de cobre de Huelva; y de otra el Bachiller, Blas José Romero, cura de Villanueva de los Castillejos, arcipreste de Puebla de Guzmán. Siendo testigos: Alfonso Le Bourg Lanclais,  y José Ortega, presbítero de Alosno.

En este intercambio de correspondencia se detallan igualmente interesantes pinceladas  de la vida en el poblado, y confirman datos aportados, entre otros, por Chekland  o González Vílchez.

Sobre su ubicación en un montículo de Pueblo Nuevo, el representante de Mercier refiere: “se establece definitivamente en el punto más sano y mejor situado del terreno”. No se menciona la combustión de las teleras, pero huir de ellas sería un propósito. Que se construyera en un promontorio pasó desapercibido para una población en edad de trabajar, que no contaba  con ancianos ni personas no aptas para el trabajo.  Generaciones futuras comprobarían después, que el repecho de aquella subida para acudir a los oficios religiosos, podía tener algo de penitencia.

También se mencionan las viviendas del poblado: “La considerable población aglomerada en el establecimiento de las minas de Tharsis en unas 400 chozas y casas”. Esta definición de “chozas”, construidas en la época de Deligny o Mercier, ya la hemos mencionado aquí, incluyendo el plano que  González Vílchez publica en su libro: “La arquitectura inglesa en Huelva” y que a raíz de un informe aparecido en el Socialista, en 1929, comentamos con dos artículos:

http://amigosdetharsis.blogspot.com.es/2012/05/la-vivienda-en-tharsis-y-la-denuncia-de.html
http://amigosdetharsis.blogspot.com.es/2012/06/la-vivienda-en-tharsis-y-la-denuncia-de.html

Aunque su tamaño, construida en una sola nave y según las medidas del plano, 6,70 x 17 metros,  no parecía el adecuado para cobijar en su interior a muchos feligreses. La población calculada exclusivamente sobre las 400 chozas podía superar más de 2000 personas. Si en el dibujo   no aparecen edificios anexos, es porque estos se construirían posteriormente, entre ellos el que albergaría la pila bautismal. Para 1866 el crecimiento de la población continuaría con el traspaso a los británicos. 

Así, comparando la escala del plano 0,01 x metro, tenemos una superficie de 113 metros cuadrados, que si la trasladamos al edificio que todos conocemos, que es la actual iglesia, con 233 metros cuadrados, resultaría que su superficie es dos veces superior a la mandada construir por Mercier.  

Acabada su construcción, se encarga al Arcipreste Blas José Romero, que “visite la dicha capilla, e  informe circunstanciadamente”.  Este informe, fechado en Julio de 1863, añade una nueva pincelada  sobre el poblado en relación con los trabajos mineros que tienen lugar.

Se entrevista primero con los curas de Alosno y  escribe en su informe: “que debe autorizarse la capilla en Tharsis, y así poder ser socorridos los muchos infelices trabajadores que sucumben sin poderles prestar los auxilios”. Parece un poco exagerado “los muchos trabajadores que sucumben”, más creo que tenga que ver con prestar el santo viático o la extremaunción, para lo que tenían que desplazarse a Tharsis, con el consiguiente trastorno del desplazamiento. “Y viendo las desgracias que ocurren muy continuo, provienen aquellas muchas veces por derrumbamiento en las cortas del mineral que llevan los trabajadores. Otras por anticiparse la explosión en los barrenos. Y la más por atropellamiento de carros, o vagones-maquinas. Siendo la muerte casi instantánea por desgracia, como usted puede figurarse. Por todo lo cual debe desde luego establecerse la capilla en la advocación que se solicita, para que en ella se celebre el Santo Sacrificio de la Misa a la multitud de empleados y trabajadores que en ella hay,  como también para que pueda administrarse el santo viático y sacramento de la extremaunción, quedando todo lo demás a cargo del señor cura de esta villa, como también el sacerdote que se nombre”.
Desde el arzobispado le piden a la empresa de Mercier que proponga capellán para la iglesia ya construida, propuesta que este remite a los curas de Alosno para que sean ellos quienes designen un capellán para Tharsis. El nombramiento recae en D. Manuel Delgado Pérez, presbítero.

El 28 de Marzo de 1866 se le comunica a Alfonso Le Bourg que se autoriza la bendición y uso de la capilla de Tharsis.

En Julio de 1936 sufriría el embate más fuerte para su posterior abandono y desaparición. El telegrama que se envía desde Tharsis a la dirección en Glasgow relata así el asalto sufrido el día 22: “entre las 10 y las 11 de la mañana, un grupo de comunistas, vestidos con camisas azules, y los jóvenes socialistas en camisas rojas, y todos armados, llegaron hasta Pueblo Nuevo en Tharsis. Exigieron la llave de la iglesia al sacerdote, alegando que deseaban registrar el edificio. Subieron al techo de la iglesia y procedieron a demoler la espadaña. Después destrozaron los muebles de su interior que cargaron en un camión y llevaron hasta la sede del sindicato donde hicieron con ellos una hoguera”.
La misa y otros actos religiosos acabaron trasladándose a la Escuela Grande. En 1958 se colocaría la primera piedra de la iglesia que existe en la actualidad.


domingo, 16 de julio de 2017

Recordando viejos tiempos


Este sábado 15 de Julio, tuvimos una reunión entre amigos que llevamos años sin vernos. Fueron momentos alegres, pues nos volvimos a encontrar con quienes, al igual que nosotros, vivimos una de las etapas más felices de nuestra vida, la Juventud.
Se contaron anécdotas, se recordaron a otros que están lejos, y uno a uno expusimos nuestra situación. Casi todos jubilados, con hijos independizados, y con nietos por quienes nos desvivimos. Lo que sí era unánime en todos, es que el paso de los años lo llevábamos en el rostro, en la melena, o en la figura. Y en lo que también coincidimos, es que en este tipo de encuentros te sientes a gusto, y no te importaría repetir.
Me viene a  la memoria lo que relatara un paisano nuestro que volvió a Tharsis a los 43 años de haberse marchado, el mismo tiempo que ha transcurrido sin vernos algunos de nosotros. Me refiero a José Alfonso, que emigró a la Argentina en 1911 y regresó de visita en 1954. Aunque la mayoría hemos permanecido en España, cuando se emigra tan lejos,  y viajar resultaba difícil, parece que el deseo de reencontrarse con amigos, con lugares tanto tiempo añorados, se busca más intensamente; a sabiendas que ese reencuentro tan deseado una vez que acaba nos sumerge en la tristeza de saber que nunca más lo volveremos a repetir. Por eso tituló su libro: “Estampa sentimental del retorno”



Aunque nosotros nos hemos reunido en Huelva, si el encuentro lo hubiéramos  tenido en Tharsis habríamos concluido con parecidas observaciones. El pueblo no es lo que era. El bullicio de las calles o de las celebraciones tampoco es el de nuestra juventud. Ni los ruidos a los que estábamos tan acostumbrados de maquinarias, locomotoras, o camiones, los podemos oír ya. Ni pasar por calles que antes existían, ni encontrarnos con vecinos en las puertas de las que todavía existen. Y lo más triste, que  cerca de siglo y medio de actividad minera han acabado para siempre, al menos para conocerlo  nosotros.  Y donde este rico pasado minero, que nos afecta a todos, es olvidado y despreciado.

viernes, 28 de abril de 2017

Edificio misterioso


Hace unos días conseguimos que alguien que aparece en la fotografía nos dijera, qué era ese edificio, y donde se tomó la foto.
Habíamos barajado que al ser una restauración podía estar menos reconocible, y en cualquiera de los tres centros de la Compañía. También, que ya no exista o esté en ruinas.

Os lo dejamos para vuestra observación y opinión, al igual que descubrir las personas que aparecen en la foto.  

martes, 14 de marzo de 2017

CAMBIOS Y OFICIOS QUE TRAJO EL FERROCARRIL. Y 2ª Parte


Inaugurado el ferrocarril, establecida la regularidad en el transporte, y autorizado  igualmente para el servicio público de mercancías, que no de personas; la empresa se fue deshaciendo de material y personal para adaptarse a las nuevas circunstancias: las barcazas que acercaban el mineral por la ría, o los obreros empleados en el transporte. Ahora el mineral llegaba hasta el Puntal de la Cruz y mediante grúa de vapor se traspasaba a la bodega de los barcos.

El colectivo de los 20 maquinistas necesarios para poner en marcha el ferrocarril, según el proyecto de 1871, formaban el grupo de trabajadores mejor pagados. Ellos tenían la responsabilidad  que el cargamento de mineral llegara diariamente a Corrales para despachar los buques que lo trasladaban a Inglaterra.

También se dispuso de un servicio muy importante para la época, el telégrafo. Establecido en la estación de comienzo y al final de la línea: Tharsis y Corrales. Servicio telegráfico que el gobierno civil de la provincia utilizaba para la transmisión de resultados en las elecciones a diputados provinciales. Este servicio sería mejorado posteriormente con una línea telefónica particular, que enlazaba Tharsis con Corrales y las oficinas en la plaza de las monjas en Huelva.

Pero un ejemplo de la organización y planificación del servicio ferroviario lo tenemos en la partida de los convoyes desde Tharsis. Empezaba con la incorporación, dos horas antes que la locomotora y su carga estuvieran disponible, de los obreros encargados de tareas previas: limpieza de la caja de humos y la parrilla de la caldera de la locomotora, así como las bielas. Llenar de agua los depósitos, que suministraba el cercano dique Pino; y de arena seca y tamizada los areneros. Cargaban el carbón que se importaba de Inglaterra, aunque en épocas de escasez se quemaba madera y raíces de brezo, o “cepas”. Distribuían entre las locomotoras carretillas de leña seca, normalmente madera hecha astillas, para prender fuego al carbón mineral.

Los guardafrenos se iban incorporando a las cocheras cuando estas tareas estaban completándose, y se reunían en un edificio adjunto a la estación, donde acudían provistos del canasto con las viandas para el almuerzo o cena, y de unos envases de hojalata donde traían café y azúcar para prepararse, al fuego de una chimenea o estufa, el último café antes del viaje.

Esta sincronización del personal que tenía que ir por delante, al igual que los relevos de maquinistas y guardafrenos, se le encomendaba a los “llamadores”. Su misión consistía en ir llamando a puertas  o ventanas, al turno que se incorporaba a una hora determinada. Su responsabilidad era tal, que disponían de la relación de toda la plantilla, para en caso que alguno de los llamados a incorporarse no estuviera disponible, llamar al siguiente de la lista. En este cometido de hacer de “reloj despertador ambulante”, se servían del mismo modelo de reloj que la empresa tenía distribuido entre llamadores, maquinistas, y jefes de estación.

Dado por concluidas las tareas previas de preparación del convoy para viajar a Corrales, ya había partido un tren descubierto, que no arrastraba carga, o tren “fantasma”; que servía para inspeccionar el estado de la línea.

Personal de mantenimiento. Era el grupo más numeroso en el proyecto del ferrocarril, bajo la supervisión de capataces, y todos ellos dependiendo de un jefe de la línea. Este personal, dividido en cuadrillas, tenía la misión de reparar los desperfectos que el paso de los trenes provocaban en los raíles; sobre todo en las juntas, donde solían producirse baches, que solucionaban rellenando con balastro o calzando nuevas traviesas. También tenían el cometido de limpiar las cunetas y perfilar trincheras y taludes.

Guardavías. Su misión consistía en inspeccionar un tramo de la línea, y que no hubiera impedimento alguno para el paso del tren. Debían resolver cualquier anomalía o dar parte  si no le fuera posible solucionar. Ante cualquier desperfecto que pudiera ocasionar un accidente, debían comunicarlo a una distancia prudencial, haciendo señales al maquinista con las manos o con banderas. En la noche disponían del foco de carburo.


Guardafrenos. El cometido de estos trabajadores ya lo tenemos comentado en un artículo anterior. Decir que solían viajar tres o cuatro Guardafrenos, dependiendo del número de vagones que arrastra la locomotora, y que uno solía ir en el vagón de cola. Atentos siempre a las órdenes que recibían del maquinista mediante silbatos.

Guarda agujas.  Se encargaban Tenían de mover las pesadas agujas para el cambio de vías, de cuidarlas y mantenerlas operativas, y señalar con un banderín al maquinista que el cambio se había efectuado.

Guardas. Vigilaban y controlaban los pasos a nivel. A lo largo de la línea se construyeron edificios para el cobijo o vivienda de los guardas.

Fogoneros. Durante el trayecto tenían que alimentar la caldera de la locomotora con leña o carbón. También asumían algunas tareas en la cabina, como la limpieza y engrase de llaves y palancas. Encendían la caldera antes de la llegada del maquinista y controlaban  que alcanzara  la presión para mover el convoy. Formaban pareja con el maquinista y fueron el colectivo más propicio para ascender a la categoría de maquinistas.

Maquinistas. Tenían la responsabilidad de llevar la carga hasta Corrales, y aunque el paso del tren “fantasma” significará que la vía estaba transitable, permanecían asomados en la cabina para comprobar el trazado.
También en los repechos, curvas y obras en la vía, tenían que comunicarse mediante silbato con los Guardafrenos, para que frenaran o desenfrenaran las zapatas a los vagones. Durante el trayecto tenían que manejar reguladores, husillos, palancas y manivelas. Muchos se convirtieron en los maestros de los fogoneros, futuros maquinistas.


FIN

miércoles, 22 de febrero de 2017

CAMBIOS Y OFICIOS QUE TRAJO EL FERROCARRIL. 1ª Parte



En nuestra última entrada completamos el documento de 1871 sobre la organización del ferrocarril de Tharsis. Aunque fue el segundo ferrocarril de la provincia, por detrás de El Buitrón - San Juan del Puerto, los problemas surgidos en una obra de tal envergadura impidieron que la llegada a Corrales desde Tharsis se inaugurara antes que el tráfico hasta San Juan del Puerto.

Ese periodo de adaptación a una nueva actividad profesional, la ferroviaria, marcaría un importante cambio en la vida del poblado. Adaptarse a nuevos oficios para quienes solo tenían experiencia en trabajos agrícolas, significaba todo un reto. Al igual que para la Compañía lo suponía la lejanía  de los centros industriales y la necesidad  de capacitar a cientos de trabajadores para los distintos oficios que requerían el ferrocarril.

La línea de Tharsis debía estar terminada el 1 de enero de 1869, así se lo hacía saber la Compañía a la empresa constructora, advirtiéndole que el no cumplimiento de esta fecha le obligaba a devolver dos locomotoras que utilizaban en calidad de préstamo.

Como en cualquier trazado ferroviario, sobre el paisaje que se proyecta el tendido se ejecutan obras de acondicionamiento: cavar trincheras, nivelar el terreno, construir puentes,  terraplenes y  alcantarillados. Además de  estaciones, pasos a nivel, etc., y dotarlos de personal. El de Tharsis tuvo una dificultad añadida, pues aunque la terminación de las obras se firmó el 9 de mayo de 1869, desde Enero se habla de accidentes en la línea. En carta dirigida por el jefe de explotación al director en Tharsis, Alfonso le Bourg el 12 de febrero, se describen más de 25 descarrilamientos. (Esto lo relata Checkland en su libro, afirmando que el ferrocarril es donde más siniestros se producen).  Se acuerda proponer al contratista del tendido, que cambie los raíles del sistema Griffin por el sistema Vignoles. Esta queja se acompañaba del presupuesto para este cambio.

Si la construcción del ferrocarril trajo empleo y bienestar a muchos pueblos, por la cantidad de mano de obra en su construcción. La carga y descarga del mineral, donde decenas de trabajadores con espuertas y carretillas, trasladaban el mineral desde los vagones hasta las barcazas que lo conducían a los vapores fondeados en aguas más profundas; para otro colectivo de obreros menos numerosos, el ferrocarril supuso el fin de una actividad ejercida durante generaciones, y hubieron de adaptarse a los nuevos tiempos: carreteros, muleros, y dueños de reatas, tuvieron que cambiar de ocupación, ya que el medio de transporte más rápido y moderno de la época acabó prescindiendo de las más de 2000 caballerías desde la época de Deligny.

Aunque el transporte en carretas se siguió utilizando en la mina del Lagunazo para recibir algunos suministros desde Huelva. Y es que la construcción del ramal Tharsis-Paymogo-Beja, en el que confiaba Deligny, fue finalmente rechazado.

El ferrocarril hasta el Puntal de la Cruz se inaugura en 1871, exclusivamente para el transporte de mineral. En su trazado no se tienen en cuenta los núcleos de población, sólo el menor recorrido y salvar los accidentes del terreno, por ello las estaciones que atraviesa quedan lejos de Alosno, San Bartolomé, o Gibraleón. Esto dio lugar a reivindicaciones y protestas pidiendo a la Compañía que permitieran el transporte de viajeros, lo que se consigue en 1881. Este acontecimiento tenía un promotor destacado, Francisco Limón Rebollo, alcalde de Alosno, gobernador de la provincia, y juez que siete años más tarde juzgaría al director de Tharsis, y al director de Lagunazo, por el daño que causaban los humos sulfurosos de las teleras.

En septiembre de 2009 ya publicamos una introducción sobre el ferrocarril de Tharsis. Al rescatar un reportaje aparecido en La Provincia, que publicamos en varias entregas, sobre la apertura provisional para viajeros. Y pueden ver aquí. (lleva unos instantes que se cargue el PDF)


Continuará…

viernes, 27 de enero de 2017

Ferrocarril desde Tharsis al río Odiel. Y 3ª Parte


Personal necesario en las distintas Estaciones.

 Tharsis 
- Jefe de estación: (N) 1  (S) 666   (T) 666
-Telegrafista: (N)1   (S) 400   (T) 400
-Ídem y pesador: (N)1  (S) 400   (T) 400
-Ordenanza: (N)1   (S) 210  (T) 210
-Guarda agujas: (N) 2    (S) 210    (T) 420

Medio Millar
-Jefe de estación: (N) 1   (S) 500    (T)  500
-Ordenanza: (N) 1    (S) 210     (T) 210
- Guarda agujas: (N) 1     (S) 210       (T) 210

San Bartolomé
 -Jefe de estación: (N)  1     (S) 500      (T)  500
 -Ordenanza: (N) 1     (S) 210       (T) 210
-Guarda agujas: (N) 2     (S) 210     (T) 420

Fuente Salada
-Jefe de estación: (N) 1     (S) 500    (T) 500
-Ordenanza: (N) 1     (S) 210      (T) 210
-Guarda agujas: (N) 1      (S) 210        (T) 210

Corrales
-Jefe de estación: (N) 1    (S) 666       (T) 666
-Telegrafista: (N) 1     (S) 400      (T) 400
-Pesador: (N) 1      (S) 400    (T) 400
-Capataz de maniobras: (N) 1     (S) 360      (T) 360
-Ordenanza: (N) 1    (S) 210       (T) 210
-Guarda agujas: (N) 5     (S) 210      (T) 1.050
-Capataz de carga y descarga: (N)1     (S) 270     (T) 270
-Peón de carga y descarga: (N) 8       (S) 210     (T) 1.680
-Telegrafistas suplementarios: (N) 5     (S) 400     (T) 2.000
 Total por mes      12.102

El ordenanza que se concede a cada jefe de estación proviene del aislamiento en que se encuentran las estaciones. El sueldo que aquellos disfrutan no es suficiente para pagar un criado, y para surtirse de los artículos necesario para la vida es preciso recorrer por lo menos una legua de distancia. Además el ordenanza servirá de mozo de faena en el caso de que el tráfico exterior exija la carga y descarga de vagones, y finalmente es el único empleado de que puede disponer el jefe de estación para enviar un oficio a la Autoridad local en caso de accidente, u otra comisión análoga, sin desatender el servicio de la estación.
Los telegrafistas suplementarios tienen, como queda dicho, el cargo de sustituir los enfermos. Hasta el presente su residencia ha sido Corrales; en lo sucesivo la práctica hará conocer si conviene utilizar sus servicios en las estaciones intermedias, o si deben continuar  en las extremas como puntos en que el clima es menos perjudicial.
No se comprende por ahora en este capítulo el personal necesario en el muelle, una vez abierto al servicio público. Cuando llegue este caso, además de los obreros que sean necesarios para el servicio de las grúas, será preciso establecer allí una factoría con los empleados siguientes:
-Factor para las expediciones de la Compañía y particulares: (N) 1   (S) 666   (T) 666
-Telegrafista: (N) 1     (S) 400    (T) 400
-Guarda agujas: (N) 1   (S) 210    (T) 210
-Lampista y guarda de noche: (N) 1   (S) 210    (T) 210
Total por mes       1.486


ALMACÉN EN CORRALES.
Todos los artículos de uso exclusivo del camino de hierro, y que hayan de ser consumidos en la segunda sección, deben almacenarse en Corrales para evitar el transporte inútil a Tharsis  para ser nuevamente conducidos a medida que hagan falta.
En este caso se halla el carbón, aceite, sebo, algodón, etc., que se suministra a las máquinas de la vía; el hierro, acero, papel lija, madera, etc., necesario para el taller de Corrales, y el material fijo de vía que no esté distribuido y entregado a las cuadrillas de conservación.
Las obligaciones, y modo de llevar la contabilidad del Guarda Almacén están consignadas en el Reglamento General de la Línea, y es inútil por tanto repetirlas aquí. Sin embargo, los estados mensuales que se remitan a Tharsis serán redactados en la forma actual o en la que se determine, con objeto de que los asientos puedan allí verificarse en el modo que más convenga.
Respecto de los artículos que deben remitirse a Tharsis (y no correspondan al camino de hierro) la cuenta se establece por las entradas que figuran en la factoría del Muelle, y las salidas que constan en el libro de expediciones de la estación de Corrales.

Personal necesario.                                                                                         
-Guarda-almacén y contable: (N) 1     (S) 500      (T) 500
-Mozo de almacén: (N) 1   (S) 240      (T) 240 
 Totales por mes         740    


OFICINA CENTRAL.
Es el centro directivo de la explotación del camino de hierro, y está a cargo del Jefe de explotación.
En ella se redactan los proyectos, memorias, relaciones, etc., exigidos o que deban presentarse a la Inspección facultativa o al Gobierno de Provincia; lleva cuenta y razón de las introducciones hechas por la Aduana y verifica las liquidaciones de fin de año; archiva las hojas y documentos relativos al camino de hierro, no sólo en sus relaciones con la Administración, sino para formalizar los datos estadísticos del movimiento, recorrido y gastos de la Línea; forma la cuenta diaria de la recepción, salida y existencia del mineral; formaliza las nóminas del personal, y demás documentos de contabilidad que hayan de ser presentados a la Caja, y despacha la correspondencia relativa a organizaciones y servicio de la Línea, y la oficial con las autoridades, etc., etc.

Personal necesario.                                                                
-Escribiente: (N) 1       (S) 600      (T) 600 
-Escribiente: (N)1     (S) 400       (T)  400                
 -Contable: (N) 1    (S) 500    (T) 500
- Pagador (Gratificación): (N) 1      (S) 166    (T) 166
- Ordenanzas: (N) 2     (S) 240        (T) 480
Total  por mes     2.146
             
El pagador ha sido hasta aquí empleado de la oficina, y cobraba como contable 7.920 reales al año, o sean 660 al mes; pero el mal estado de salud del cajero Don Adolfo Genot, ha hecho que pase en calidad de auxiliar de la Caja de ?????????  Huelva ??????? pero ejerciendo desde entonces a las órdenes de Don Adolfo Genot, encargado del trabajo material de caja, y echo cargo responsable de la misma, sin perjuicio de continuar pagándole completo de la Línea.
Así pues, y en vista de que el estado ???????? del Señor Genot puede ?????? con fundamento, la necesidad de conservar siempre el citado auxiliar o sub-cajero, su sueldo no puede continuar grabando el presupuesto del camino de hierro, y debe ser cargado a la caja de Huelva.
El camino de hierro, no obstante, deberá indemnizar los gastos que consigna el pago, y por esta causa se le asigna al Pagador 200 reales que serán cargados a los gastos generales del ferrocarril.


CONDUCCIÓN DE CORRESPONDENCIA Y TELEGRAMAS. TRANSPORTE DE EMPLEADOS.
No siendo posible dar habitaciones en Corrales a todos los empleados, se hace necesario tener lanchas por cuenta de la compañía para la traslación de empleados y obreros.
Por otra parte, la correspondencia y servicio  telegráfico exigen así mismo gastos de consideración por razón de pasaje, que se hubieran evitado en gran parte con el establecimiento de un cable telegráfico; resultando además de economía,  una puntualidad incomparablemente mayor en el servicio.
Desgraciadamente, al querer solicitar para este objeto  el cable destinado a unir la  estación  de Tharsis con las oficinas, solo se ha conseguido hacer ensayos inútiles, y aunque se le ha reforzado de unas ?????????? que aseguraban al parecer su duración, sea por causa de la Línea ???????????? que se rompieron al enrollar el cable, o sea por otra causa que ha pasado desapercibida a pesar de las peticiones que para tenderlo se han empleado, el hecho es que no ha podido obtenerse la transmisión de la corriente.
Los gastos a que este trabajo infructuoso ha dado lugar, han impedido el hacer todavía una última tentativa sin seguridad de buen éxito, y el cable está tendido sin prestar servicio, y continúa el medio defectuoso de transmitir partes telegráficos y órdenes urgentes por medio de lanchas que invierten frecuentemente dos horas en la travesía de Huelva a Corrales.
El gasto se disminuirá cuando el número de obreros (hoy grande a causa del embarque) quede reducido al corto personal que no tenga casa en Corrales; pero siempre será necesario transportar la correspondencia y avisos urgente, y sólo con una barca de vapor se obtendrá este servicio de un modo satisfactorio.
A pesar de ese medio, que tiene el inconveniente de ser caro, no se reemplazará completamente el servicio que proporcionaría el telégrafo, el cual después de los gastos de establecimiento nada costarían, porque podría ser servido por un empleado de la oficina.
Pero entretanto no se adopten otro medio, el personal necesario por ahora se compone de:

                                      -Lancheros a sueldo: (N) 4      (S) 600      (T) 2.400
                                      -Marineros en botes de la Compañía: (N) 4      (S) 270      (T) 1.080
                                         Total por mes      3.480

Este capítulo no debe gravar en totalidad sobre el camino de hierro porque el servicio que se obtiene es de tres clases:
Primero. Correspondencia y avisos de Tharsis a Huelva y viceversa, que es cargo de la Mina o de la Agencia de Huelva.
Segundo. Conducción de obreros y empleados del embarque; tramitación de avisos y telegramas concernientes al despacho de portes, que no cargo al capítulo de embarque.
Tercero. Conducción de empleados del ferrocarril, órdenes y telegramas relativos al mismo; cargo contra el camino de hierro, así pues en el siguiente resumen sólo se carga al ferrocarril la tercera parte de este gasto; o sean 1.160 reales por mes.

RESÚMEN.
                             Gasto de personal por mes
                             
                             Tracción y Movimiento: 27.016
                             Depósito y Taller en Corrales: 8.290
                             Vías y Obras: 28.120 
                             Estaciones: 12.102
                             Almacén en Corrales: 740
                             Oficina Central: 2.146 
                             Conducción por mar: 1.160
                             Total por mes    79.574     
                            

Huelva 24 de febrero 1871

El Jefe de Explotación